lunes, 14 de enero de 2013

EN EL RÍO





Desde lo lejos se veían los hilos de plata cuando el sol reflejaba en el río, ella seguía caminando, le quedaba un buen trecho hasta llegar a la ciudad, debía ir río arriba para llegar al puente de piedra, estaba cansada, en su cabeza buscaba el camino más corto y concluyó que iría en línea recta, para ello debía vadear el río, que dicho sea de paso en esta época el año tenía menos caudal, -estamos en el mes de julio, se dijo, -estará bien mojarse un poco los pies. Continuó su camino, al rato ya podía ver el río, no parecía gran cosa apenas nueve metros de agua separaban sus orillas, se sentó a la sombra de un sauce, se descalzó, pensó en quitarse pantalón pero al final resolvió enrollarlos hasta las rodillas, se descalzo y la guardó en su mochila los calcetines junto a sus deportivas, aún se quedó un rato mirando al río, le transmitía toda la paz que necesitaba.

Por fin decidió ponerse en macha, con el pulgar del pie derecho midió la temperatura del agua, estaba perfecta para este mes de calor, entró dentro del agua mientras buscaba un lugar seguro para colocar el pie, subió por todo su cuerpo una sensación de miedo, tragó saliva y decidió que podía hacerlo, dio el primer paso concentrándose en el fondo del río que se advertía bajo las aguas cristalinas, ahora tocaba dar el segundo paso y lo dio sin dilación con el tercero y cuarto paso iba con mucha soltura y así dio los dos pasos siguientes, estaba casi en medio del río, cuando avanzaba en el séptimo paso su pie izquierdo resbaló sobre una gran piedra redonda intentó mantener el equilibrio, dio un paso a delante, otro al lado, extendió los brazos y los agitaba al ritmo en que sus pies intentaban encontrar un lugar donde recuperar el equilibrio, así estuvo durante varios segundo, aunque a ella le pareció una eternidad, por fin su metro setenta y cinco cayó en el agua con toda su fuerza y allí quedó con la cabeza recostada en la gran piedra redonda, sus ojos grises miraban como la corriente avanzaba en el río, oía el sonido del agua con mucha intensidad, recordó el sonido de un molinillo eléctrico, el olor a café recién hecho que ocupaba cada hueco de su casa cada día, recordó las tazas de porcelana, como sabes, el café en estas tazas sabe mucho mejor... no sabía si esta tarde llegaría a tiempo de tomar café con sus amigas, el agua seguía el curso del río pero ya no la oía mientras su mirada se perdía entre los hilos de plata y grana de aquel río.