martes, 23 de junio de 2015

AL SUR DEL OVIDO

Germinó el ahuacatl que había sembrado hacía ya tres semanas. Lionela siempre había sido una persona muy impaciente con esas prisas que persiguen a las mujeres, andaba todo el día de un lado para otro haciendo tantas cosas; y no adelantaba en nada, o al menos esa era la sensación que le quedaba cuando daba por terminada la jornada .





Mientras zurcía los calcetines recordaba con añoranza los tiempos en que nada la paraba, pensaba y hacía; conseguía salir airosa de todo lo que se proponía, siempre fue una mujer inteligente a la que le gustaba mucho dedicar tiempo a la lectura, aún recuerda cuando le decían “dejate de leer tantos cuentos, que eso no te va a dar de comer”, y ella pensaba, ¡pues sin comer!, comer es para vivir y vivir sin poder leer no es vida, mejor no vivir...había sido una buena estudiante pero se enamoró y el amor cambió el rumbo de su vida, se casó y llegaron los niños …





Continuó con su tarea de la ropa, después de recoser los rotos, dedicó una buena parte de la mañana a planchar, pantalones a los que hay que marcar muy bien la raya para que Ricardo vaya presentable al trabajo, blusas, camisetas y camisas, muchas camisas, Ricardo trabaja con traje de chaqueta y lleva corbata, tiene un puesto de jefe de departamento en unos grandes almacenes, empezó a trabajar siendo muy joven primero como mozo de almacén, después estuvo un tiempo reponiendo mercancía; mientras colocaba los estantes atendía las peticiones del público cuando le preguntaban, pronto ascendió a dependiente, a encargado y a jefe de departamento, llevaba ejerciendo en este puesto desde hacía ya unos años...





Cuando Lionela hubo terminado con la plancha comenzó a recoger la ropa que había quedado dividida en tres montones, empezó a colocar a la izquierda del armario, unas blusas en las perchas y vaqueros en los estantes, a la derecha, los pantalones colgados en las perchas, cada pantalón con una camisa, todo con su orden, cada cosa en su sitio, iba diciendo mientras guardaba la ropa. Encima de la mesa quedó el montón de ropa del hijo menor, Miguel, que iría directamente a la maleta. El chico empezaba la carrera e iría a Salamanca a estudiar, la elección de esta ciudad no fue por casualidad ya que Bruno su hermano mayor ya estudiaba allí desde hacía un par de años.





Era viernes, Lionela estaba muy ocupada, ahora empezaba en la cocina, había hecho varios tipos de comida, lentejas con chorizo, potaje de garbanzos, alubias con almejas, preparó caldo, hizo una tortilla de patatas, albóndigas, carne con tomate, pescado en salsa, pollo en escabeche, y unos cuantos platos más, los había ido colocando en tuppers, iba separando las raciones de dos en dos, cuando estaban a temperatura ambiente los iba guardando en el frigorífico. Para comer ese día había hecho una paella y pollo en salsa para dos, ya que sólo comían en casa Miguel y ella, también había preparado unas manzanas al horno para el postre ya que eran las favoritas del hijo menor, lo cierto es que había preparado los platos que más le gustaban a él.





Llegó la hora de comer, colocó la mesa con mucho esmero, puso el mantel, utilizó la vajilla y la cristalería que usaban en las ocasiones especiales, abrió una botella de vino espumoso de esos con sabor afrutado que sientan tan bien, y esperó pacientemente a que Miguel bajase a comer. Como era costumbre en la casa llegada las dos y media se servía la comida a esa hora bajó el chico de su cuarto, besó a su madre y se sentaron a comer, disfrutaron del menú con una charla agradable, hablaron de los tiempos pasados recordando la niñez de Miguel el día que llegó al mundo, una mañana de finales de febrero, Lionela reconoció que no quería que naciese el día veintinueve, no quería verse en la necesidad de explicarle a un niño qué por caprichos de un Cesar romano había años que en el calendario no aparecía su fecha de cumpleaños, cosa que al final no tuvo que preocuparse pues Miguel nació el veintiocho de febrero a las doce de la mañana, en un parto normal, rápido, sin complicaciones, llegó al mundo en una mañana luminosa, Lionela se emocionó al verle la carita tan redonda su cuerpecito rosado y esos ojos grandes que la miraban con expresión de la curiosidad del que ha encontrado un tesoro, tan diferente al parto de Bruno, en el que todo fue un cúmulo de despropósitos que después de unos años había conseguido desterrar de sus recuerdos. Recordaron los buenos momentos y algunos de los malos, los dos reían con la conversación entre bocados de comida y sorbos de vino. Acabada la comida juntos metieron los platos en el lavavajillas, retiraron el mantel, un rato de descanso y un café...





Empezaron a hacer la maleta, Miguel dejaba que Lionela hiciese, la miraba desde la puerta de la habitación mientras ella doblaba la ropa, calculaba la medida y la colocaba sin desaprovechar ni un sólo espacio, el chico contemplaba el balanceo de su larga melena negra cada vez que iba y venía, cada vez que doblaba y colocaba.



Por la tarde ya casi anochecido apareció Ricardo, que siempre llegaba cansado, pero de buen humor por estar al fin con los suyos, cenaron y se fueron pronto a descansar ya que el día siguiente sería largo.





Llegó la mañana, era sábado, se levantaron todos muy temprano, desayunaron juntos café con tostadas y una conversación muy animada. Mientras ella recogía y se vestía, Miguel y Ricardo cargaban el coche Lionela terminó de vestirse, pantalón vaquero, blusa blanca y una chaqueta negra, zapatos bajos para caminar con comodidad, maquillaje suave y perfume de rosas.



En breve emprendieron el viaje, Miguel miraba por el cristal trasero, en silencio se iba despidiendo de su casa, de su calle, de su barrio... en el fondo era tan sentimental como su madre, mientras Ricardo y Bruno eran más despreocupados en ese aspecto. El viaje transcurrió con la normalidad esperada, una parada a mitad del trayecto para repostar, tomar algo, ir al baño y estirar las piernas de ahí directo hasta la casa de Bruno.



Al llegar a Salamanca se perdieron aún llevando GPS, Ricardo renegaba de la tecnología pero gracias al buen sentido del humor de Lionela la cosa no fue a mayores, ella decía que como buen guía primero les mostraba la ciudad y después les llevaba a su destino, ¡Llegamos al destino, colega! Exclamó aquel aparatejo, los tres rompieron en unas enormes carcajadas al unísono.



Bruno, ¡estás guapísimo! lo abrazó Lionela, desde que se vieron en su última reunión familiar un fin de semana en la playa no se habían vuelto a ver, Bruno se había dejado una perilla que le daba un aire muy atractivo y había cambiado su peinado. Descargaron el equipaje de Miguel en el piso alquilado, era un lugar muy luminoso y espacioso tenía una gran balconada que bordeaba la esquina del edificio, y las vistas desde allí eran impresionantes. Bruno ayudó a su madre a colocar toda la comida que había traído para estos primeros días de convivencia de los dos hermanos.



Descansaron un poco antes de salir a dar un paseo por la ciudad y tomar algunas raciones que hicieron las veces de comida familiar. En el bar, Miguel jugueteaba con un palillo que había quedado en el centro de la mesa, su madre instintivamente alargó el brazo y la colocó su mano encima, después llegó la de Bruno y tras ella la de Ricardo, y allí quedaron por un buen rato, con sus manos unidas como un equipo que va a saltar al campo después de una parada técnica. Lionela guardó esta imagen en su recuerdo y le colocó el título de “mi familia”.



Llegó el momento de la despedida, allí en la acera estaban los dos hermanos el uno al lado del otro, su madre los miró, recordó sus primeros pasos, primeras palabras, el día en el que a Bruno le salió su primer diente, y cuando Miguel perdió su primer diente de leche, un recorrido en imágenes de toda la infancia y juventud de sus dos hijos, los abrazó, los besaba alternativamente, acercó las cabezas a sus hombros mientras les acariciaba la nuca, se armó de firmeza y los separó de si, les dijo, “cuidaos, defendeos, protegeros el uno al otro, sois hermanos, sois mis niños, no lo olvideis nunca”.



Se montó en el coche con las lágrimas a punto de resbalar por sus mejillas, se inclinó hasta encuadrarlos por el espejo retrovisor, el coche comenzó a avanzar y ella miraba como las figuras de Bruno y Miguel se empequeñecían en la distancia, sintió que un agujero se abría en su interior, la distancia aumentaba, las figuras decrecían hasta que el agujero de su interior se convirtió en un abismo... 

 

viernes, 1 de mayo de 2015

Diario de una flor

Fotografía
Primer día, comienza la vida
Fotografía
Segundo día. Asoma un poco más.
Fotografía
Tercer día. Comienza a gustar.
Fotografía
Cuarto día. Belleza pura
Fotografía
Quinto día. Comienzo del fin

"Vive a tu manera y se feliz"

domingo, 4 de enero de 2015

ALGUNA VEZ TE HAS PREGUNTADO QUE EDAD TENGO?

Se que a veces te puedes preguntar que edad tengo, y yo misma a veces me sorprendo pensando si lo que digo o hago son cosas propias de mi edad, pero me doy cuenta que lo que realmente cuenta no son los años que he cumplido, sino los que he vivido.

Tengo 43 amaneceres en mi retina, 3 de ellos desde la cima de una montaña, 15 desde la playa. Tengo 2 pequeños que me recuerdan que el amor no es una palabra, sino un sentimiento que se demuestra. Tengo 12 decepciones que no me sorprendieron, y una que se me clavó en lo más profundo de mi alma. Tengo 59 carcajadas de esas que van acompañadas con lágrimas. Tengo media docena de lágrimas amargas que nunca debí derramar. Tengo 20 cenas de las cuales a 12 nunca quise ir, y una que nunca quise terminar. Tengo 33 tardes de paseo  de las que 7 acabaron en un  mágico anochecer desde el puente.

Tengo 68 días de playa, donde vamos cargados de sombrilla, cubos y palas. Tengo un desayuno en la cama. Tengo cientos de sonrisas acompañadas de un buenos días, cuando nos cruzamos por los pasillos del trabajo. Tengo 17 amigas pero siempre acabo tomando café con las 2 de siempre. Tengo 97 recuerdos de infancia, aunque uno, nunca quise recordar. Tengo 27  tartas de cumpleaños, 15 velas sopladas y 3 deseos cumplidos. Tengo a mi lado a esa persona que sé que hace de nosotros una pareja feliz.
Tengo la certeza que no se mide en años el tiempo que viví.



lunes, 8 de diciembre de 2014

LA FLOR

La llamaste la flor del camino, a su lado pasaban tropeles, los toros, las cabras, los potros, los hombres, y ella seguía enhiesta. 
Ya en tu tiempo andaban con prisas las gentes, ya en tu tiempo nadie se fijaba en los pequeños detalles que muchos aún no saben que son los que hacen los grandes momentos.

Hoy hace cien años que metiste aquella flor en las páginas de un libro, sin cortarla, como se hacen las cosas que duran eternamente, con sabiduría, para que, con el tiempo alguien la encuentre, con toda su esencia, como hoy la encuentro yo.

Gracias Juan Ramón.

viernes, 14 de noviembre de 2014

El POETA

Sentado en la playa, 
espera a su musa el poeta,
ella llega vestida de blanco, 
rodeada de estrellas.

El dedica sus versos a ella, 
tan guapa, tan bella, a la luna llena.
Y le escribe poemas de amor, 
a la luz y el calor de la hoguera.

La luna coqueta, se quiere mirar.
Y el mar se transforma en espejos para reflejarla,
hace tiempo que también en silencio él la ama.

Y el poeta se quiere morir,
al mirar a la luna y a el mar,
meciéndose al mismo compás.

Y se pasa la noche llorando su pena,
mendigando eso besos robados de la luna llena.

Y el poeta se deja dormir, 
cuando llega el amanecer,
una barca por cama y por manta una red. 

Una brisa que llega hasta él, 
le susurra al oído una y otra vez,
poeta no duermas, despiertate.

Recitale un poema alegre
a este sol que ha venido a verte
y el poeta, el poeta duerme...





viernes, 14 de febrero de 2014

DONDE

Donde se esconden las palabras
donde los sueños
donde se esconden nuestros besos
donde nuestros anhelos.

Cuando te pienso te encuentro
cuando nos vemos
cuando me besas te siento
¡cuanto tenemos!



viernes, 10 de enero de 2014

FUE DIFICIL VISITARTE

Hacía unos días me llamó mi amiga Rita, hacía mucho que no coincidíamos de ninguna manera, ni en la calle, ni en las redes, ni... en ningún sitio. 
Me dijo que se había cambiado de apartamento, que hiciese el favor de ir a su casa, me dio su nueva dirección, así que una tarde me acerqué a visitarla. Conocía la calle, el número del portal no lo recordaba bien, pero si el piso, el 3º-D, tratándose de Rita no podía ser otro sitio que no recordase a la tercera dimensión. 
Ante mis dudas en el número de su casa, la llamé, se oía fatal, solo entendí "te espero", decidí buscar en la calle portales que tuvieran 3º-D, eso reduciría la búsqueda, entre en varios, entraba, buscaba su nombre en el buzón y volvía a salir. 
Entré a uno, que por supuesto, no era el suyo, al ir a salir busqué el pulsador que abría la puerta, "¡si!, que parece que ultimamente están muy de moda", pues busqué por todo el portal, me recorrí todas las paredes un par de veces, pero no encontraba el susodicho botón, busqué una vez más está vez miré hasta en las zonas más alejadas, ¡vete tu a saber donde estará el pulsador!, me empecé a impacientar, "tiene que haber una forma de salir de aquí" si es necesario desmontaré la puerta, pensé.
La puerta tenía un par de cerrojillos que la fijaban arriba y abajo, si abría los cerrojos la podría abrir y salir de allí, en ello estaba cuando me fijo que allí, en medio de la puerta mimetizada con el mismo color, estaba la manilla que la abría, me reí de mi y me fui a buscar a Rita en el siguiente portal.